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Café de Reparación: un espacio colaborativo para reparar tus objetos dañados

Hace más de cinco siglos, en el Japón del año 1450, el shōgun Ashikaga Yoshimasa se lamentaba porque dos de sus más preciados cuencos de cerámica, indispensables para la ceremonia del té, se habían roto. Buscando desesperadamente una forma de repararlos, fueron enviados a China.

No contento con el resultado de la reparación, el shōgun recurrió a los artesanos de su país para que sus valiosos cuencos fueran arreglados. Estos emplearon una técnica nunca antes vista: unieron los fragmentos con un barniz que también espolvorean con oro.

El kintsugi es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro.

Aunque las cicatrices eran visibles, ambos objetos recuperaron su función y forma original. Así, hace más de 500 años, nació el Kintsugi, la quincentenaria técnica japonesa que plantea que las roturas y reparaciones de un objeto forman parte de su historia y utilidad.

Un espacio de aprendizaje colaborativo

Más de 500 años después, en esta era dominada por la producción acelerada, el consumismo y la obsolescencia programada, la práctica de reparar un objeto valioso dañado en lugar de tirarlo y reemplazarlo es más vigente que nunca en muchas comunidades y espacios del mundo.

Uno de ellos es el Repair Café, un lugar de reunión gratuito con sede en varios países donde se intentan reparar objetos dañados en grupos de colaboración. El primer café abrió sus puertas el 18 de octubre de 2009 en Ámsterdam, Holanda, gracias a la iniciativa de Martine Postma.


Origen de los Repair Café

El primer Café de Reparación (nombre en español) abrió sus puertas hace casi 10 años, el 18 de octubre de 2009 Ámsterdam, Holanda y fue todo un éxito. La idea la tuvo de Martine Postma, quien desde 2007 había estado luchando por la sostenibilidad a nivel local.

En 2011 Martine inició la Fundación Repair Café, una organización sin fines de lucro ha brindado apoyo profesional a grupos locales en los Países Bajos y otros países que desean comenzar su propio Café de reparación.


Diez años después, México se convirtió en la sede de un Café de Reparación. “Platicando con algunos amigos que también tienen pasión por desarmar cosas, y en la mayoría de los casos repararlas, nos dijimos: México también puede hacer esto. Y así iniciamos nuestra primera célula de Café de Reparación de México en el corazón del país, a un lado del Zócalo con la ayuda del Hacedores Makerspace”, relata Israel Herrera, Fundador de la comunidad de Café de Reparación en México.

Tanto el Café de Reparación como el movimiento reparador en México persiguen dos objetivos: busca preservar y aumentar el conocimiento técnico en materia de reparación de todo tipo de artefactos y mejorar la consciencia de nuestros hábitos de consumo. “Nuestra iniciativa busca extender al máximo el tiempo de vida de nuestros aparatos del día a día mediante reparación y mantenimiento. Por una parte para poner un alto a la generación innecesaria de desechos, y por otro para ayudar a la economía del hogar al no tener que comprar un nuevo equipo cuando se le puede reparar”, explica Herrera.

La iniciativa de estos Reparadores también busca abrir el paso a la inclusión de sectores menos favorecidos de la población, quienes una vez teniendo conocimientos importantes y autosuficientes en reparación de objetos pueden buscar oportunidades de actividad económica, poniendo sus propios talleres.

La reparación y el medio ambiente

Reparar es una de las cinco erres de la ecología (reutilizar, reducir, reparar, reciclar y regular) pero ¿qué tanto la ponemos en práctica? ¿conocemos el impacto positivo que puede tener en el medio ambiente la reparación de nuestros objetos?. Sucede que muy rara vez un fabricante se encarga de completar el ciclo de vida de un aparato una vez que su funcionalidad se acaba.

“Todo termina en depósitos de basura, en ríos, en mares. El nivel de contaminación es alarmante y esto tiene efectos muy nocivos en la flora y fauna de nuestro planeta, e incluso un deterioro terrible en la calidad de vida humana. Basta con voltear a ver la degradación de los cuerpos de agua en nuestras ciudades en los últimos 100 años”, manifiesta Israel Herrera.

Reparar objetos genera menos basura y además nos ayuda a adquirir conocimientos sobre la estructura y funcionamiento de nuestras cosas de uso cotidiano. Así, por ejemplo, cuando un objeto no pueda seguirse reparando, saber de qué partes está hecho y cómo funciona cada una nos ayudará a desarmarlo, apartar y reutilizar las piezas que aún puedan ser útiles y separar más correcta y eficientemente las partes que irán a la basura. Inclusive puede ayudarnos a separar materiales y venderlos en centros de reciclado.

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“Si bien es una realidad difícil el hacernos conscientes de nuestra huella ecológica en el planeta, es mucho mejor para todos los seres vivos que lo compartimos el hacerlo de una manera educada y dispuestos a esforzarnos un poco más por el bien de los animalitos, nuestros espacios naturales, las siguientes generaciones y nosotros mismos”, concluye el fundador de Café de Reparaciones.

Israel Herrera ha visto toda clase de objetos en su experiencia como reparador, pero sin duda uno de los más extraños que recuerda es una máquina de coser de unos 150 años de antigüedad. En sus palabras “toda una reliquia”.

Reparar también puede ser un arte, como el Kintsugi. “Creo que es una manera muy bonita de mantener un objeto y de darle un valor agregado durante generaciones”, dice Israel. En estos casos, las reparaciones cobran un sentido especial. Algunos de los objetos que han reparado en el taller, son piezas que llevaban años arrumbadas en las casas de los participantes. La mayoría, tenía un valor sentimental para ellos pero no sabían si existían las refacciones adecuadas para repararlas.

“Gracias al Hacedores Makerspace y la iniciativa de reparación, hemos podido fabricar las refacciones necesarias con Impresión 3D y también con el conocimiento colectivo, reparar esas reliquias para darles nueva vida. Es un extra muy satisfactorio para todos renovar objetos que se creía no iban a servir de nuevo”, dice Herrera