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Reseña del 1er. encuentro de la Red de Educación Maker

La revolución 4.0 llegó a la educación… ¡y ya era hora!

Por Axel Serrano

Con bombo y platillo… este 16 y 17 de Agosto del 2018, se llevó a cabo el Primer Encuentro de la Red de Educación Maker (REM) en las instalaciones del Colegio Hebreo Maguen David (CHMD), institución pionera de esta vertiente pedagógica; mucho se podría decir sobre la organización del evento, y más aún de la camaradería entre asistentes y ponentes; pero para tener un mejor acercamiento a esta experiencia, y lo relevante que este evento realmente es, hace falta regresar unos cuantos pasos para definir un par de cosas: (1)¿qué es el movimiento maker?, y (2)¿qué hace inmiscuyéndose en la educación?

El movimiento maker se integra de personas inquietas y creativas, sin miedo a ensuciarse las manos y dispuestas a recorrer todos los caminos y aprender todas las habilidades necesarias para materializar sus ideas, es un movimiento porque no se trata de personas aisladas, haciendo y desarrollando individualmente, sino de grupos, colectivos, redes que colaboran, comparten y aportan, cada quien desde su área de expertise, y todos aprendiendo de todos; este fenómeno de comunidad, que genera un movimiento a nivel mundial, surge inicialmente por la intención de tener una relación distinta con los objetos que utilizamos y/o necesitamos, pero también es un resultado generado por la misma complejidad de los proyectos que se realizan, hablamos de robótica, internet de las cosas, fabricación digital y diseño inteligente; proyectos que requieren circuitos eléctricos, trabajo con madera, metales, textiles, plásticos reciclados y cualquier cháchara que tengas a la mano  y se ajuste a las necesidades del proyecto; si bien el perfil del maker es el de una persona hábil en una gran variedad de campos de conocimiento y técnicas.

Es evidente que una sola persona no siempre es suficiente y ahí es donde la necesidad de colaboración se hace patente; con el paso del tiempo y la ayuda de modernos sistemas de comunicación, ésta búsqueda del trabajo colaborativo está dando paso a una comunidad internacional con una identidad aún en formación, pero con valores, prácticas, conocimiento y técnicas que identifican y diferencian a los makers de las personas “hacendosas” pero… ¿qué hacen lo makers inmiscuyéndose en la educación?

En principio hay que decir que el aprendizaje siempre ha formado parte del movimiento maker (al cual no me atrevo a dar una fecha de inicio); cada proyecto, por sencillo que parezca, demanda una variedad de conocimientos y habilidades para ser realizado, y resulta ser, que a pesar de que una persona, esté formada (formalmente) en dichas áreas requeridas, en el proceso habrán cosas que deba descubrir, investigar o desarrollar antes de llegar a la meta propuesta, lo que finalmente deriva un aprendizaje más significativo y práctico que aquél generado en el aula de clases, lo que pone en consecuencia un gran signo de interrogación en el sistema educativo tradicional que privilegia la memoria sobre la experiencia.

La REM se creó en 2015 con la intención de incluir la filosofía maker en el proceso formativo de la educación formal, en otras palabras: aprender haciendo en lugar de almacenar conocimiento en espera del día en que ese conocimiento sea requerido en una situación práctica, lo que algunos conocemos como el tormentoso ritual de “desaprender” y “reaprender” sobre la práctica laboral (razón por la cual muchas empresas no contratan a gente sin experiencia).

Algo habrá hecho bien la REM en estos 3 años de trabajo, ya que al encuentro asistieron varios representantes de instituciones educativas tanto públicas como privadas interesadas en incorporar este nuevo modelo, o que llevan poco tiempo de hacerlo y buscan compartir sus experiencias, nutrirse de las de los demás y ponerse al día en los temas de moda sobre educación maker.

La educación transformada por la filosofía maker promete ser una revolución de grandes proporciones, como no se ha visto en décadas, y como nunca se hubiera pensado hace un siglo; pero también impone un gran número de retos en el ámbito teórico-metodológico, y esa es la razón por la que este encuentro es tan importante.

Como desafortunadamente carezco de la capacidad de síntesis para tratar todos los temas de interés abordados durante el encuentro, me limitaré a tratar lo que a mi parecer fue más relevante: iniciando por el “Conversatorio”, que contó con la participación de distinguidos invitados como Enrique Ruiz Velasco (Investigador Titular “C” UNAM, Doctorado en Filosofía por la Universidad de Montreal Canadá, Posdoctorado en Ciencia y Tecnología por la Universidad de Londres, SNI nivel II) que nos dio un rápido recorrido por sus 32 años de experiencia en robótica pedagógica, desde la complicada tarea de convencer a sus colegas que no estaba loco (en otras palabras que su propuesta era viable), hasta el Guiness Record que obtuvo cuando 1867 robots construidos por niños en Ciudad de México y Puebla, fueron exitosamente controlados por una app de su diseño (2017).

Ann Louise Davison (Maestría en Educación y Doctorado en Psicopedagogía por la Universidad de Ottawa, Profesora asociada en la Universidad Concordia, investigadora en Maker Culture) nos contó sobre el potencial unificador y de empoderamiento personal y social que descubrió al montar un makerspace comunitario en un centro social; la diferencia que encontró entre el interest que lleva a las personas a acercarse al espacio maker, y la diferencia con el engagement que las compromete a terminar un proyecto pese a todas las dificultades, y cómo ser parte de un grupo marca la diferencia entre ambas posturas.

Tomás de Camino Beck (Licenciatura en Ciencias Biológicas por la Universidad de Costa Rica, Maestría en Ciencias de la Computación por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, Doctorado en Biología Matemática y Postdoctorado en Matemáticas por la Universidad de Alberta) nos hizo reflexionar sobre la crisis del modelo educativo con un ejemplo muy poderoso, haciéndonos ver que en realidad ya todos somos ciborgs (seres que incrementan sus capacidades a través de la integración de tecnología en su vida cotidiana).

Desde el momento en que tenemos identidades virtuales (en redes sociales) con las que podemos exaltar nuestras virtudes, aminorar nuestros defectos, o incluso reinventarnos por completo y vivir más de una vida de manera simultánea; los ciborgs de hoy en día integramos computadoras muy poderosas a nuestro kit básico, dispositivos que nos permiten acceder a la totalidad del conocimiento generado por la humanidad en cualquier momento y lugar (con lo que incidentalmente cumplimos el utópico ideal de la ilustración), teniendo esto en mente, un modelo educativo cuyo objetivo es que los individuos almacenen información en sus memorias es totalmente obsoleto, por lo que su propuesta es diseñar un modelo para enseñar a ciborgs y no a autómatas.

Lamentablemente no era posible asistir a todas las mesas de trabajo (Maker Education Meetups) ya que los horarios no lo permitían; a pesar de esto creo que logré captar en buena medida los temas centrales del encuentro: comunidad, colaboración, acción, compromiso y cambio.

Por ejemplo, en la mesa titulada “El Movimiento maker como un agente de cambio” en la que participaron Tomás de Camino, Arturo Gámez (Director del área educativa en Hacedores), Manuel Corona (Universidad de Guadalajara), Jessica López y Sergio Pérez (CHMD) y Gustavo Calderón (ASJ) como moderador, se abordaron situaciones que suceden dentro del aula y en la realización de un taller, como la ausencia de técnica y creatividad en el uso de herramientas básicas, la importancia de trabajar con sentimientos y pensamientos individuales y colectivos, y las limitaciones de un sistema educativo que se basa en la estandarización, que si bien, en un momento de la historia fue necesaria para organizar y administrar la educación de cientos de miles de individuos en un país, ahora es innecesaria gracias a los avances en la tecnología y representa una enorme limitación para el fortalecimiento de las habilidades particulares de cada individuo.

Por otro lado, Manuel Corona presentó un trabajo de corte etnográfico sobre una comunidad maker en Guadalajara donde abordó temas como el impacto que esta genera en sus integrantes y en su entorno inmediato, la importancia de sus prácticas que identifica como: apropiación creativa de materiales, conceptos y métodos; colaboración comunitaria con otros grupos; resignificación del ócio; aprendizaje emergente e interdisciplinario impulsado por la convivencia y orientado a la realización de proyectos; y la existencia de una “ética DIY”.

En lo personal, me llamó la atención que éste fuera el único acercamiento de carácter antropológico al movimiento (social) maker en el encuentro, si bien, hasta ahora, plantea más preguntas de las que resuelve, creo que el movimiento maker podría echar mano de las herramientas conceptuales y metodológicas de la sociología y la antropología para entenderse mejor a sí mismo y su rol e importancia en los aspectos de la vida que interviene; de esta manera podría planificar mejor su ruta a seguir y designar el puerto al que se busca llegar. De momento, Pedagogía y Filosofía son los principales representantes de las ciencias sociales y humanidades dentro del movimiento (si no es que los únicos), pero estoy confiado en que sus resultados abrirán camino a las que siguen.

La segunda mesa, a la que tuve el placer de asistir se tituló “Evaluación de proyectos y retos maker”, a mí gusto, un tema bastante controversial, que en la práctica no decepcionó. En la mesa participaron Nayely López Negrete (CHMD), Jesús Monroy Tenorio (SEP, Veracruz), Mónica Pérez Miranda (INEE), Ann Louise Davison, Marina Vicario (Conacyt, IPN) y Jorge Sanabria (U de G) como moderador. Dentro de un contexto que rechaza el modelo actual de educación formal y todo lo que implica la estandarización de los alumnos, así como del sistema que los evalúa, era de esperarse que hubiera un rechazo generalizado hacia la calificación cuantitativa como medio de evaluación, pero hubo una grata sorpresa al encontrar que las opiniones de los ponentes abarcaban desde la negación de cualquier tipo de evaluación directa en el makerspace por parte del CHMD, hasta la propuesta muy tangible de instrumentos y criterios de evaluación y comparación por parte de Marina Vicario, pasando por las propuestas de evaluación cualitativa del proceso que apoyaban Ann Davison y Jesús Monroy.

A mi parecer, lo más enriquecedor fue la realización de que no hay postura correcta o incorrecta al respecto, sino que se trata del mismo concepto (la evaluación), a distintos niveles de aplicación, por ejemplo: a nivel de institución privada, dentro de un contexto que permite cierta autonomía, los colegios pueden darse el lujo de no evaluar directamente el proceso maker y esperar a que éste se refleje en los resultados de las asignaturas de la currícula general; por otro lado, a nivel de políticas públicas y ONGs es imprescindible contar con instrumentos que nos ayuden a entender el impacto de programas a los que se destinan fuertes cantidades de recursos humanos y materiales, en este nivel, tampoco es posible escapar de la comparación cuando hay universidades e instituciones públicas y privadas (en países más desarrollados) que ya cuentan con parámetros para estos fines y que ya realizan este tipo de análisis.

Sin lugar a dudas los temas y sus implicaciones son vastos, pero el objetivo de éste artículo no es marear, sino echar un pequeño vistazo a esto que apenas comienza y que deja entrever un futuro emocionante, lleno de cambios y habitado por ciborgs curiosos, habilidosos, preocupados por echar mano de los conocimientos a su disposición para crear un mundo más sustentable y de nueva cuenta lleno de posibilidades.

Consulta el programa completo de actividades. 

http://educacionmaker.org/encuentro/programa.html