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Alma y Damiana, Abuelas solares.

barefoot1 En México el 98% de la población cuenta con energía eléctrica, sin embargo más de 2 millones de personas que se encuentran en zonas remotas y vulnerables aún no cuentan con éste servicio.  Su energía proviene de la quema de combustibles y esto genera que en la mayoría de las familias existan problemas del sistema respiratorio y de la vista, este consumo de combustibles también conlleva a un daño en el ecosistema y a una situación condicionada de productividad laboral y escolar, derivando así en un loop interminable de esta situación.  barefoot2 Barefoot College es una Universidad en el desierto de Tilonia, India donde se lleva a cabo capacitaciones de mujeres mayores de 35 años de todo el mundo, para construir sistemas fotovoltáicos dándoles la oportunidad de replicar este conocimiento en sus comunidades y así electrificarlas.

En los últimos años, han sido más de medio millón de beneficiados en más de 211 países.  La primera comunidad en México en la que estuvieron presentes fue Cachimbo, Oaxaca. La congruencia, voluntad y servicio de estas Abuelas, hizo que la comunidad ahora cuente con sistemas de celdas solares para generar energía eléctrica.

La toma de decisiones colectiva, la descentralización del conocimiento transferible y la autosuficiencia, son ejes principales para que este programa se lleve a cabo. En el caso de Alma y Damiana, las dos mujeres de Yucatán, no fue la excepción.  INDIA-WOMEN-RIGHTS-EDUCATION-SOCIAL “El aprendizaje es mediante colores y las barreras del lenguaje se rompen” comenta Alma cuando nos narra de su experiencia el primer día de clases. 

Ni la lejanía con su tierra, ni su grado de estudios, ni el miedo hacen que esta mujer se haya sentido acobardada y abandonara el programa, al contrario, éstas son las razones por las cuales ella aún más convencida, siguió hasta el final. 

Damiana es una partera de la región, tía de Alma la cual también dejó a su esposo y a sus 27 embarazadas para salir de su casa por primera vez y darle luz al mundo de otra forma a la que ella ya conocía. En el grupo de ellas dos, había 8 mujeres más que hablaban español y las demás saludaban en idiomas que ambas desconocían. Las compañeras con el idioma en común, se juntaban a estudiar y a repasar las lecciones del día para seguir aprendiendo.

La solidaridad en este tipo de proyectos es la base para que sigan avanzando.  Después de conocer la historia de ambas mujeres, sólo queda conocer el resto, saber qué impacto tienen hoy en día en nuestro país estas tecnologías y si esto tendrá seguimiento para tantas zonas invisibilizadas que hoy en día les hace falta una mirada hacia el futuro.

 

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